sábado, 27 de junio de 2009

When dreams come true.

Al "concebir" un sueño, hay 2 etapas relacionadas con esta "concepción". En primer lugar, se establece una etapa de idealización, ilusión e imaginación ilimitada; nos vemos envueltos y encandilados con toda esa maravilla que se nos viene a la cabeza, con toda esa irrealidad que montamos en el escenario de nuestra mente. Creemos que podría llegar a pasar, lo deseamos y ampliamos nuestras espectativas casi al máximo. Sin embargo, luego, existe una etapa de desilusión o desencanto; todo lo que hemos llegado a imaginar, lo lejos que ha llegado nuestra mente, se convierte en una estupidez, en una mentira, y nos sentimos ridículos al haberlo considerado posible. Seguramente, luego nos deprimiremos, porque hemos dado por hecho que nuestro sueño no llegará a nada concreto.
Pero, como sea, ¿qué importan las dos etapas anteriores si, al final, nuestro sueño se ha hecho realidad? Ahora es cuando yo respondo: Nos importan menos que una mierda. Lo que deseabamos con tanta intensidad se ha convertido en algo apreciable, algo que podemos observar extasiados, algo que nos lleva a la cúspide de la felicidad y nos anestesia; no sentimos dolor ni miedo, olvidamos las desgracias y frustraciones; cuando llega ese momento, nuestro sueño hecho realidad es nuestra única verdad.



Si escribo esto es solo porque hoy desperté algo melancólica.
Comencé a recordar el 24 de febrero del 2008 (día cuando uno de mis más grandes sueños de hizo realidad; vi a MCR en vivo, a solo unos cuantos efímeros metros de mí) y me sentí tan bien y, a la vez, triste, porque ese momento, esa hora y media ya pasó. A pesar de eso, ese día, se ha quedado clavado en mi corazón y, cuando lo recuedo, siento un calorcito reconfortante en él; no dejaré que se vaya de mi mente ni de ahí.

Banana.