“Los tiempos han cambiado”. “Estamos viviendo la era de la libre expresión”. “Somos libres de ser, decir y hacer lo que queramos”.
Son bellas las palabras, pero horrible la realidad.
Si bien el mundo ya no es el de antes, hay muchos aspectos que siguen sufriendo carencias, en los que hay gran injusticia y un individualismo que ofende y despedaza la fraternidad, la utopía religiosa del “amar al prójimo como a ti mismo”, el idealismo de que un día todos seremos capaces de ponernos en el lugar del otro y sentir lo que ellos, solo para ayudarlos a caminar por el sendero del dolor y hacer de su carga un peso más liviano.
Judíos, gente con un distinto color de piel, homosexuales. Todos ellos fueron, han sido o siguen siendo discriminados, solo por el hecho de ser diferentes.
¿Qué le hace pensar a alguien que tiene el derecho de dañar a otro ser humano, humillarlo y llevarlo al borde del colapso? Yo he encontrado la respuesta: ignorancia.
El 20% de los adolescentes que se suicidan cada año lo hacen por el profundo sufrimiento de ser disminuidos, maltratados (física y psicológicamente), humillados, excluidos y segregados, solo por el hecho de pertenecer a las minorías sexuales.
En Estados Unidos, solo durante este año 2010, 8 vidas han finalizado gatilladas por el bullying, el rango de edad se compone de adolescentes que van de los 13 a los 21 años.
Las escuelas, los políticos y la sociedad en general se tapan los oídos y los ojos, y fingen que este tipo de calamidades no existen. La Iglesia, incluso, prefiere comparar y poner al mismo nivel la pedofilia con la homosexualidad, antes que reconocer que sentir amor o atracción por alguien del mismo sexo es algo que debemos aceptar y asumir, porque no es un pecado ni una anormalidad mental, sino algo diferente a lo que la mayoría de la sociedad no está acostumbrada.
Es escandaloso pensar que solo hasta antes del año 1973 la homosexualidad seguía considerándose una enfermedad mental. Personalmente, me causa bastante indignación que aquella idea se haya contemplado como una afirmación en el pasado y que mucha gente siga pegada, estática, como en stand by, en ese pensamiento retrógrada.
La homofobia es definida, por la Real Academia Española, como “aversión obsesiva hacia las personas homosexuales.” Si me preguntan a mí la definición de homofobia, entonces yo responderé, sin pensarlo dos veces, “la homofobia es el resultado de la ignorancia, de la falta de información y el poco interés en conocer más sobre las minorías sexuales o algo distinto a lo que estamos acostumbrados, algo que se encuentra fuera de nuestra “zona cómoda” (comfort zone)”.
He escuchado y leído varias veces a varias personas decir que la homosexualidad es una opción, que tu puedes decidir si ser “desviado” (según sus propias palabras) o “normal”.
Dentro de las redes sociales es posible encontrar ejemplos de esta discriminación que nace de la falta de información, como, por ejemplo: “si eligió ser gay, entonces debe atenerse a las consecuencias que eso trae consigo”. Aquí queda bastante clara la idea tan errónea que gran parte de la población mundial concibe al hablar de homosexualidad o cualquier otra inclinación sexual de minoría.
En nuestro país, el Movimiento de Integración y Liberación Homosexual (MOVILH), fundado en 1991, es el encargado de luchar por los derechos de la población perteneciente a las minorías sexuales LGBT (Lésbico, Gay, Bisexual y Transexual). En el año 2009, esta organización nacional se encargó de repartir folletos con contenido educativo a centros educacionales, con el fin de reducir esta carencia de conocimientos e información que eventualmente acarrea respuestas discriminatorias. Es realmente reconfortante saber que existe algún órgano que se preocupa de promover la tolerancia en nuestro país. Espero que con el tiempo todo siga avanzando y siga el curso correcto para que la mente y punto de vista colectivos de la sociedad abarque la aceptación y adhiera a sí el popular lema religioso del “amar al prójimo como a ti mismo” de forma genuina. Es algo necesario para nosotros como individuos y como parte de un conjunto, una comunidad, para crecer en pensamiento y en alma.
La población perteneciente a las minorías sexuales no pide un trato especial, sino una equiparación de sus derechos con los de los heterosexuales. Solo piden una vista objetiva y justa con respecto a su estilo de vida, buscan la aceptación y no tener que esconderse, que ocultar sus sentimientos en el armario debido al prejuicio y la ignorancia.
Espero estar viva para cuando la justicia se vuelva concreta y la tolerancia abarque todos los lugares más recónditos del mundo.
~
Bueno, esto es algo que escribí el año pasado para mi asignatura de lenguaje en el colegio, cuando el profesor pidió un ensayo acerca de lo que quisiésemos, así que decidí escribirlo acerca de la discriminación a las minorías sexuales, como dice el título :) Sería súper hermoso que con tan solo escribir esto las cosas cambiaran y desapareciera la discriminación/segregación, pero hay que reconocer que las palabras no bastan, sino las acciones; y no solo las de unos pocos idealistas, sino las de todo el mundo.
sábado, 26 de febrero de 2011
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario